filosofía de viaje

Filosofía de viaje, ovejización y turismo de masas

Para encontrar una buena filosofía de viaje, una forma de viajar que resulte adecuada a nuestro perfil, resulta interesante observar el mundo. A veces me gusta congelarlo por unos minutos y simplemente pararme a observar a mi alrededor: sentado en una acera al lado de un mercado de calle, de pie en una esquina en un cruce polvoriento de cualquier ciudad asiática, en un albergue lleno de turistas ruidosos y cerveceros…

Parece que cuando uno detiene su actividad, las de los demás resultan algo más evidentes y lo que aparentemente parece caótico se transforma en eventos más o menos ordenados dentro del caos y hasta en cierta forma predecibles.

¿A dónde quiero ir a parar? Bueno, hoy me gustaría compartir cosas sobre el comportamiento humano en los viajes, y para ilustrar mi teoría (¡qué científico todo!) me basaré en tres ejemplos iniciales, 2 de los cuales son anécdotas personales y el tercero es una noticia externa interesante para reflexionar.

 

Anécdota personal 1:

Me encontraba hace unos años pululando junto a una amiga por los patios interiores del Vaticano, cuando se nos ocurrió hacer lo que se convirtió en un pequeño experimento social, de forma espontánea y sin premeditación. Nos fijamos en la cosa más insignificante que pudiera haber ahí, que resultó ser una barandilla metálica sin interés alguno al lado de unas escaleras que subían a un segundo nivel.

Dicha barandilla, algo oxidada y de color apagado, no presentaba nada de particular ni bello (mil perdones al técnico que la instaló), pero decidimos ponernos a su lado a fotografiarla primero de cerca, luego de algo más lejos, y a cuchichear en plan asombrados sobre las virtudes de dicha barandilla.

Lo increíble fue observar como al cabo de apenas medio minuto empezábamos a tener alguna persona detrás que hacía cola para ver y fotografiar la barandilla. Al cabo de un minuto ya se había formado una cola importante, momento en qué decidimos apartarnos para dejar que la historia siguiera su curso, y resultó que la barandilla empezó a ser fotografiada, comentada y admirada por varias personas en la cola hasta que al cabo de unos minutos volvió a pasar inadvertida, a su estado inicial.

 

Anécdota personal 2:

Cuando llegué a los mostradores de facturación de uno de estos aeropuertos perdidos que usa Ryanair para conectar Europa (Skavsta, ‘cerca’ de Estocolmo, para ser concretos), observé como mi vuelo a Barcelona aparecía en 3 pantallas distintas, con un mostrador bajo cada una de ellas, todos ellos aún sin nadie que atendiera.

Sin embargo, solo tras 2 de los 3 mostradores se había formado una cola de unas 50 personas en cada uno, mientras que el tercer mostrador estaba sin cola, totalmente vacío, a pesar de que la pantalla indicaba el mismo vuelo. Me la jugué y me puse como única persona en aquel mostrador, ante la mirada de desaprobación de todos los suecos y españoles que hacían cola en los otros, y esperé unos minutos.

Llegó la primera empleada de la aerolínea a facturar y se sentó justo en el mostrador donde estaba yo haciendo cola, mientras que los otros 2 aún no tenían personal atendiendo, con lo que decidió iniciar la facturación conmigo a la espera de sus compañeros. Automáticamente las 2 colas de 50 personas se rompieron en una avalancha para tratar de colocarse en la tercera cola que habría estado vacía salvo por mi presencia.

 

Noticia externa de interés:

Leí hará unos años en la ‘aterradora‘ sección de sucesos de algún periódico nacional una noticia que me llamó la atención.

Resulta que en un museo de arte contemporáneo se estaba realizando una exposición de uno de estos artistas también muy contemporáneos y abstractos que se había puesto de moda en aquel momento. Una de las obras principales de la exposición, valorada en varios miles de Euros, era una escalera metálica plegable, de estas que usamos para subirnos a cambiar bombillas, situada en medio de una sala, con sus escalones y soportes principales considerablemente cubiertos por el óxido y la suciedad.

Esto no sería noticia si no fuera porque la empleada de la limpieza, con total desconocimiento de la causa, decidió con muy buen criterio que aquella escalera que alguien se había dejado ahí en medio necesitaba una buena limpieza a fondo, así que durante aquella noche se aplicó a fondo profesionalmente y la dejó reluciente como nueva, generando ciertos calores al responsable de la exposición y al artista, que veían como su venta de miles de Euros había quedado arruinada a una escalera convencional. Acusaban a la pobre de ‘no entender de arte‘…

 

La ‘ovejización’ de la raza humana

Ovejización. Desconozco lo que pensará la RAE sobre este nuevo término, aunque tampoco creo que me lean habitualmente, así que me siento tranquilo al usarlo.

Para mi la conclusión de los tres ejemplos anteriores es que los seres humanos seguimos una serie de pautas y conductas guiadas en gran parte por lo que piensan y hacen los demás, aunque sus decisiones no estén basadas en un fundamento sólido. Lo hacemos únicamente por imitación y miedo a lo desconocido.

Lo mismo ocurre con un grupo de ovejas, donde la mayoría no hace más que seguir a las que van delante, que son guiadas por el pastor, no por sus propias ideas. Además, el mundo de las ovejas es muy cercano a nosotros, pues incluso a las personas que se salen de esta pauta común las llamamos ‘ovejas descarriadas‘.

La ‘ovejización’ afecta en gran manera al mundo del turismo. ¿Por qué millones visitan la Torre Eiffel mientras que solo unos pocos se pasean por las espectaculares dunas de arena de Dunhuang, cerca del desierto de Taklamakan? ¿Por qué la gente acude en masa a Ko Phi Phi y Ko Phangan en lugar de disfrutar de playas enteras para ellos solos en la cercana pero no menos bonita Ko Kut? ¿Por qué la gente teme ir a un país llamado Kirguistán y les parece bien pasearse por zonas concurridas de París, a pesar de que el riesgo terrorista es mucho más elevado en esta ciudad?

 

Jugando a ser la oveja descarriada

Tener una filosofía de viaje de oveja descarriada no significa ir en contra de todo, ni ser un/a rebelde sin causa. Vivimos en este mundo, y hay que adaptarse en la medida de lo posible, pero esto no debería significar la desconexión total de nuestro cerebro. Tenemos que seguir pensando por nosotros mismos y tomar decisiones basadas en factores reales, no únicamente en el comportamiento de los seres humanos que nos rodean.

Me gustaría animar a todo el mundo que lea este artículo a jugar a ser la oveja descarriada. Es muy sencillo: cuando veas a una masa de gente ir en una dirección, dirige tus pasos hacia la otra. Cuando tomes un autobús hacia alguna localidad, bájate un par de paradas antes y descubre el lugar, aunque sean 4 casas y una tienda. Te sorprenderás y quizás vivas una experiencia que siempre recordarás, aunque sea insólita, pues suele ser en aquellos lugares menos frecuentados por el turismo donde las personas son más auténticas y espontáneas.

Cuando planifiques un viaje, busca alternativas a los sitios habituales. ¿Es complicado? En absoluto, webs como la de tripperzone se esfuerzan por recopilar listas de sitios alternativos y a su vez sorprendentes que están totalmente fuera de las rutas habituales. Inspírate en rutas de agencias de aventura como Intrepid Travel o Dragoman y crea tu propia aventura con nuestra aplicación o con cualquier otra que conozcas.

Cuando llegues a una ciudad, anda. Anda todo lo que puedas, no mires ni por asomo al GPS, ni siquiera mires mapas, solo ten una ligera idea de donde estás para no meterte en líos si hay barrios complicados. Piérdete por los callejones, explora las zonas no céntricas del lugar, las zonas pobres y las ricas. Anda y disfruta, charla con la gente en las tiendas, disfruta de la comida local. Si ves un restaurante lleno de extranjeros, aléjate unos metros y sigue buscando, encontrarás uno mejor.

Ah, y no olvides mirar a las cosas directamente con tus ojos. Algunas personas sufren una especie de ‘síndrome del reportero de viajes‘, donde parece que entre ellos y su viaje siempre hay la pantalla LCD de su cámara de fotos y vídeo. Para ver el mundo a través de una pantalla mejor quedarse en casa y hacerlo tranquilamente desde el sillón, ¿no crees?

 

¿Cuál es tu filosofía de viaje?

Ni soy psicólogo, ni científico, ni quiero ‘ovejizar’ a nadie, así que… ¿a ti que te parece todo esto? ¿Cual crees que es la mejor forma de viajar? ¿Has vivido situaciones de ‘ovejización’ que te han llamado la atención? ¿Conoces algún lugar alternativo que pueda interesar a otros lectores?

Comparte tus ideas sobre tu filosofía de viaje con la comunidad, ¡esperamos tus comentarios!

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